jueves, 17 de septiembre de 2015

MESARIO SEPTIEMBRE | MONICA GAMEROS



I

Nací con el asombro en los ojos

Entre el asombro perpetuo
y la sorpresa,
me contemplo
siempre en silencio.


El espacio, sin nada más que mis ojos, siempre me ha gustado para ver el nacimiento del sol o para admirar la agonía lenta de los días, incluso me gusta sentarme ahí, al borde de la nada y ver el caos debajo de mis pies, flotar sobre el vacío.

Me gusta sentir el vértigo del abismo, se abre mi pecho y se vuelve hueco, como si yo fuera una cueva inmensa donde los ecos rebotan alocados, buscando no sé qué, ni para qué, los veo correr en todos los sentidos, los veo perder la cabeza, sujetar sus sombreros mientras corren, limpiar su sudor mientras perdidos no atinan el camino y de a poco se fatigan, pierden el aliento, pierden los sombreros, pierden el control y se convierten en burbujas de jabón que flotan sin voluntad ni dirección, rebotan entre mis costillas, buscan la salida, pero mi pecho es tan breve, una boca de aire no más y se lanzan unos contra otros, se atropellan y revientan, me llenan de jabón los pezones, me vuelvo una pista para deslizarse hacia el sur.

Me gusta el espacio para tirarme con el pecho abierto hacia el cielo, a veces sueño que soy nido de golondrinas, a veces sueño que soy incendio, que en mí se lacera todo el peso del tiempo.


II

La belleza y el amor existen por separado, describirlos es difícil, al menos para mí, cuando se juntan, producen epifanías, momentos que nos dejan ver lo que somos, lo que en verdad somos.

Una frente al otro, con las miradas observándose,
la paz flota, la energía es clara, ligera, y es entonces
                                                              [que la belleza domina el ambiente
y es tal su presencia que es imposible no sentir amor...

Por eso, para todo,
nos gusto atemporales,
infinitos.


III


Sueño que existo y entonces,
muero al despertar, y ahí
tus ojos,
siempre monolíticos, y ahí
tu lengua hablando con la mía,
& pasan lista a la hilera de palabras
                                     [que se traga la ausencia...

Cantan nuestras sombras
al pie de la hoguera de nuestros labios.


IV


Cuando pienso en tus dedos perfectos simulando una danza entre las sombras de mí cadera; reventando cada perla de sudor,
pacientes me recorren, adictos me exprimen susurros con los que te nombro,
sólo para que existas en levitación permanente,
alrededor de mi insomne forma de vivir durante la noche.

Sombra soy, cuenco de tu historia, ansiedad de tu lengua.

Al amanecer soy nube alrededor de tu cuerpo; al caer la noche,
mis labios son fulgor de sol recién nacido,
palabras que tienen diferente cauce, igual longitud.

En extremo, radical, suspiro frente al paisaje y pienso en ti,
con tu voz profunda, con el trueno que surge de tu pecho, con los gruñidos de tu celo.

Al caer la alborada mis dedos dibujan tus ojos, mis ojos se mecen entre tus brazos,
convertidos en cáscaras de luna,
y mi lengua, enloquecida,
inventa historias de ti de mí de nuestras tardes juntos y lejos,
embebidos con el beso,
enfrascados en el roce de las pieles,
las pieles de fuego de agua de viento,
como si fuéramos los progenitores del futuro que no existe.

Atrapados nos fugamos.
En escape buscamos nido, en el nido buscamos las nubes, entre nubes buscamos caminos.

Será que entendimos todo y por eso evitamos la nada.

Será que somos adictos a la nada y por eso el vacío es nuestro.

Será...


V

Argonauta
hago mapas de mis órganos.

Soy una mujer marina que se deshidrata
por las noches, que tiene un volcán adentro
siempre en erupción,
que contradictoria,
persiste.


VI

Me pongo melancólica porque escuché un sonido que ya no existe -las teclas en la pesada y ancestral máquina de escribir que mecaniza los sueños y los anhelos los mezcla con la melancolía que se vuelve espesa al recordar el roce del grafito sobre la hoja-  encima de esta espesa melancolía y lo tomo como afrenta, y mientras me empeño en escribir, afuera la cultura popular me provoca somnolencia, me cansa con sus lamentos mientras me hace odiar el pésimo gusto musical del colectivo imaginario al que llamamos pueblo & escucho entre recuerdos que soy rara, que estoy loca, que soy difícil, mierda cómo me hartan, pienso y busco ansiosa la forma de evadirme, pero me alteran y me convierten en erizo, en una bomba de púas dispuesta a envenenar a quien se acerque y entonces, surge el ánimo que siento cada vez que me tomo los analgésicos para contrarrestar la mala postura de quien escribe como profesión -la ciática, la cadera chueca, el dolor de entrañas y la vejiga a punto de reventar son evadidas- y la hermosa soledad que me aleja de mí misma, intolerante y cansada de todos de todo de nada de la angustia de la represión que ejerzo sobre mi boca para no joder a los demás con mi impaciencia, con mi intolerante impaciencia en contra de su conformidad para todo, incluso contra sus escritos y desaparezco, o más bien me vuelvo invisible para que nadie me note a punto de sacarle los ojos, para ver si por los cuencos pueda yo drenarles tanta estupidez.

Llevo tres semanas sin comer a gusto, comienzo a extrañar la comida, para comer requiero analgésicos que me duerman las entrañas, la rabia, la impaciencia, pero al terminar siempre llega el dolor, ¡rayos!, algunos tienen flatulencias, pero a mí se me revuelcan las entrañas y eso me hace temer y me hace comer muy poco, demasiado poco, todo crudo o hervido, sin sal, sin aderezos, sin nada... A veces creo ser una luz que flota y que absorbe los sabores reales de la comida y luego chirria y se retuerce cuando sólo desecha veneno.

Por principio, no pienso jamás en el pasado, pero hoy dos sonidos llegan y me hacen llorar como si hubiera perdido lo más valioso del mundo, y sé que mi sensiblería es una nube gris en medio de una bóveda celeste, o la luna eclipsada en medio de una fría, oscura y hermosa noche de estrellas, pero hoy, hoy soy veneno y como no salgo, me enveneno sola con la idea de no comer nunca más y como Kerouac pienso en huir a la soledad de nuevo o morir por que esta adicción analgésica me tiene un tanto harta...

-Cuando salto con la banda atada a los tobillos y en picada, veo el puente elevándose hacia el cielo, suelo olvidar que soy yo quien va en picada, y al notarlo recojo los brazos, no busco protección, sólo quiero llegar al fondo sin pensar en nada, sin pensar en mí, la gran decepción de la generación, la inutil adherencia que tengo por las palabras, por el lenguaje, por los símbolos, por los significados, por la adherencia al nido-

21 días y 21 noches de vacío, soy la estructura del abismo, insondable, infinito.


VII


Tengo música, vino tinto, mi lap top, los dedos ansiosos de las teclas sonando una tras otra, en una catártica fuga sobre la pantalla, se materializan los versos que crecen húmedos de melancolía y todo va bien, sólo que me faltas tú, pero ey, claro, ahora doy cuenta de que justo tu ausencia es la que llena la pantalla, ¡dam!, tendré que abrir otra botella, mojar mis cabellos, emborrachar a mi sombra, quebrar los versos, tirarme sobre las teclas a tus recuerdos, hoy viejas fotos de mi memoria que se hacen difusas, a veces, sólo a veces, creo en la maldad de tu partida, a veces, sólo a veces, creo en la locura como la única barca en la que puedo irme rumbo al horizonte, encendido, sangrante, colérico, agonizante esconde al sol como escondes tus palabras para que las otras sombras de tu día no enloquezcan y me has dicho que lo haces por que soy fuerte, pero no lo soy, sólo soy una desquiciada amante de tus dedos, una fanática de tus besos, una adicta de tu piel y me atraganto de soledad, y busco en la desolación la calma que no hallo y, para ello, enciendo mis dedos, los prendo a mi pubis, cavo, busco, horado mi vientre, te expulso, expulso tu lengua, tu saliva, tu semen, pero no te alcanzo a ti, sigues ahí, clavado como un parásito que no me deja seguir adelante y me cargas todo el peso de tu cuerpo, y me estrellas y me calcinas, joder, algo hay que hacer con la conciencia para que deje de estar recordándote, para que mueras, para que te vayas, para que te alejes, aunque yo no quiera que lo hagas, aunque en la vida no vuelva a encontrarte, siempre estarás ahí, en el centro, en lo más recóndito, esperando a que me distraiga para abordarme de nuevo, joder, se ha terminado la botella y ya tengo un depósito de botellas vacías en casa, cómo hacer que todo ese tinto se convierta en palabras, cómo hacer que la sombra de tu boca vuelva a mí, a esta tierra que cubre mi ojos extrañándote, amándote como nunca hice, como nunca podré volver a hacerlo, ya sabía que entregarme era firmar un pacto eterno, ya sabía que cuando tomas mi cuello no es mi voz la que callas sino mis gemidos a los que impulsas y lanzas al vacío, para que floten alrededor de ti, alrededor de tu recuerdo, alrededor de tu cuerpo. Joder, se han terminado los porros, los botellas, las horas, las noches y yo, a pesar de todo, sigo viva.


VIII

Para qué retroceder sobre mis pasos
cuando puedo volar...

Soy noche oscura, el cuervo que cae en picada,
el ave que se lleva tus ojos, el ave negra que se lleva la luz.

Soy un cuervo negro que emigra de norte a sur
en busca de tu voz,
la casco, la convierto en polen, la llevo al fondo del abismo
donde el olvido no es sino una alegoría.

Para qué ir detrás de ti cuando puedo esperar a que duermas,
contemplarte en silencio y luego
sacarte las estrellas que llevas atrapadas en la mirada,
las mismas que derrochas sin sentido.

Soy un cuervo negro que emigra desde la ciudad del caos hasta los valles de la templanza, de la sola y fría mañana en que, a solas, te resguardas convertido en oruga,
duermes sobre la añoranza, melancólico,
te cegaré para que en la completa oscuridad,
encuentres la luz bella del horizonte escarlata,
derretida desde tus párpados,
escurriendo la noche,
en medio de la completa desolación.

No temas, los ojos no te sirven de nada,
lo que necesitas de mi pico
se quedará al borde de tus ojos y entonces,
volverás a mirar todo
como si fuera el primero de tus días.



IX

Si me veo en medio del mundo,
al que la poesía le importa un carajo,
me tambaleo entre el vacuo sinsentido de la vida "normal",
todo resulta trivial,
me ocupo en oficios sin importancia y me veo en necesidad de "encajar",
más tal acción me lleva a observar lugares y gentes
que de otro modo no existirían en mi vida,
ahí una avalancha de sensaciones y conjeturas
que luego se reflejan en los versos del exilio en el que vivo,
que me oprime y que me mantiene en estado de inadaptación perpetua.

Con el tiempo he aprendido a no dejarme arrollar por tal sentimiento,
floto y fluyo, en busca de lo necesario
y sólo eso...



X

La distancia es abismo, infinito,
como el mar como los besos,
estallan dentro,
abren un hueco en medio del esternón,
abren y vacían,
me convierto en caverna.

Soy fuego contenido por el viento.

Canto horizontal, prendo una llama.
Se abre el pecho como las piernas de la ninfa,
el sátiro muta en minotauro,
la quietud se rompe, soy tormenta,
soy sirena que canta, para seducir al hombre
                                                          que navega entre mis piernas.

Gimes, gruñes,
tu pecho me aplasta en avalancha,
mis piernas te abrazan como una medusa que devora.

Tu voz canta mi ausencia.
Sabotaje, sabotaje.
La añoranza se ofrece en cicuta.

Entender esto,
entender lo que flota cada vez que te beso, es necio,
destierro de lo que aún germina.

Sabotaje sabotaje.

Caen gotas del delirio sobre tu cuerpo,
navegan dentro del mío,
van en busca de un diccionario que clasifique lo etéreo,
lo que flota sobre ti, sobre mí,
sobre los labios.
Flota, etéreo, se vierte sobre los dos,
en ritual,
devoramos todo.


XI

A veces extraño la distancia delineada por tus manos, hoy
todo me es ajeno, parece demasiado cercano,
demasiado abierto,
invasivo.

Quiero cerrar los ojos,
escuchar tu insomnio que me acaricia toda la noche
antes de partir,
escribir otro verso sobre tus pasos.

De querer no quiero nada que no venga de ti,
de extrañar sólo te extraño a ti y el resto
son piezas intercambiables de un juego absurdo que tengo,
para evadir el paso lento del tiempo que vivo sin ti.

No hay nada sino neblina,
un aeropuerto lleno de sombras que buscan la fuga,
sin lograrla.

No hay nada sino silencio,
no están tus pasos, ni tus miradas,
ni tu voz hablándome de todo.

Lo que hay
es el inmenso vacío
& algo que se me deshoja entre los dedos,
eso que susurra por las noches tu nombre.

Eso, canta a pulmón abierto para matar
el inmenso y absoluto tedio,
inconmensurable,
abismo en el hoyo del conejo.
El salto está a un paso,
tú estás en el silencio que guardo.
Sigo, muda sombra, espero.
Blanca como nube, mi piel como lienzo.
Mi boca como suspiro arrancado por deseo.
Noche fuego. Maleza de mi pecho.
Mis brazos en rama para no dejarte ir.
Cuantas veces diré lo que nunca digo,
con la mirada, aferrada a ti,
con la lengua ocupada en dibujar rutas
de norte a sur y de vuelta,
antes de difuminarnos en la espera,
en el tonto anhelo
de abreviar la distancia que nos separa.
Cuantos soles, cuantas ráfagas, ventiscas, tormentas.
Cuántos susurros para tu nombre.
Cuántas formas hay para esperar.
El salto está a un paso,
el hoyo del conejo es el abismo que habitamos
desde tiempo atrás.
Nada me extraña,
sólo esta forma de deseo
del que eres dueño.
Sólo esta forma
de habitarte que tengo.
Agradezco tus ojos en medio de mis sueños.



XII


Extraña mi lengua que busca tu lengua para inventar nuevos lenguajes en los que las palabras sobran y se convierten en extraños artilugios de la extrañeza.
Para qué el lenguaje cuando se tiene lengua.
Para qué los significados cuando las lenguas se enredan y se saborean.
Para qué la lógica si el deseo es locura, si es extraño, si es para acercar mi extraña forma de extrañarte... Para qué decir nada si mi lengua te lo dice todo.



XIII

Ausencia, luego reescritura que ahoga el fuego y cede paso al reencuentro.
No incendio, no consumo.
Mis ojos no son ermita, dispongo la mirada, abro el muro de agua y eso te acerca,
mas preciso el silencio para evitar la fragmentación de las aristas que siempre rompen los hilos.

Si soy huracán, contigo seré brisa.
Si vivo en tormenta, mi luz es signo.

No me permitas que amplíe el espacio, ni que vaya directo al viento.
Aun no quiero levantar vuelo.

Recojo semillas del rosal, las vierto sobre el arado de mi cuerpo,
me gusta su aroma porque me invita a la contemplación.

Me gusta caer sobre la madera de tu piel,
como ave de paso sobre ruta migratoria…



XIV

Los sellos quedan impresos y mueren en la hoguera,
se dispersan entre el hollín, flotan a la deriva,
es entonces que las palabras vuelven a su estado natural
& al paso, pierden el maquillaje, derriban discursos,
muestran códigos & se tornean en formas diversas,
se vuelven juguetes.
Palabras, palabras, palabras. Susurro, balbuceo,
mentiras fálicas que bailan cuales sombras,
no así, el sabor de una cereza sobre la lengua que arde,
no así el lenguaje de la piel que vibra al amanecer.
Es el deseo que enciende el fuego,

que lo purifica todo.


XV

Hoy me levanté del abismo convertida en nube, floto y me refugio entre el día gris, la llovizna impertinente y el caos de la urbe que imponen silencio, que desbordan la nostalgia...

No es que me aferre al vacío sino que éste se expande cuando las sombras habitan las calles húmedas, cuando su voz negra tiñe el aliento, contamina los suspiros, los convierte en lamento.

La melancolía sale a flote entre la fría mañana, aborda las nube cargada de tristeza que soy, se ancla al centro de la extrañeza, agotada se ve en medio del fango, se hunde entre cuerpos abandonados a la deriva.

Pienso en la nada como nocturna morada,
hábito en ella.



XVI


Soy caos y contradicción eterna,
una palabra sin propósito que flota
sin llegar a significado alguno.

Tinta seca, mancha, error.
Caos y contradicción,
previsible tedio.

El silencio me convierte en doble filo,
en actitud insana, en duda permanente.
Qué importa, no importa, nada importa.

Sólo agradezco gobernarme,
para no caer en impulsos,
aunque no entienda nada ni a nadie,
aunque nada me sostenga,
sigo pensando que soy tan ajena
como una mariposa de cristal
en medio del fuego...

A veces me gustaría ser como el resto,
perder la cabeza, la memoria,
la insatisfacción dentro de una botella,
jugar al dolor, al chantaje, a la mentira,
pero todo eso es tan tedioso,
tan exhaustivamente aburrido.

A veces pierdo el interés tan rápido,
bostezo ante la pose,
me levanto y me voy,
sin dar razones, desaparezco.

Caos y contradicción, previsible tedio.
Una prueba del infinito desdén por todo o casi todo.

Sigo pensando que soy tan ajena
como un sueño en medio de la guerra.

Fantasía improbable...
Forjo, prendo, aspiro, suspiro.

Sigo aquí, anclada a no sé qué ni para qué,
sonrío sin deseo, finjo interés,
en mi cabeza el mar de la apatía está en picada,
bajo una tormenta que amenaza con arrasar todo,
dar lugar al vacío, al infinito y hermoso vacío.

A veces sueño con ser un ave,
volar sin propósito alguno,
ser etérea y entonces
me encuentro frente al espejo,
veo mis formas, mi piel,
cuento mis días incrustados en la piel.

A veces soy tan real, tan palpable,
llaman, tocan, ansían,
buscan tocar lo que soy y yo.

Lo que deseo es ser etérea.


XVII

Distraer la mirada para ahogar la melancolía.

Por evadir la embestida de la añoranza,
dejarla guardada en una caja de olvido
inscrita con la leyenda: Veneno

Abrir la ventana,
mirar el incendio detrás del horizonte,
hervir con el gélido aire cristalizando mi boca,
impone vacío a mi voz y un eco lejano canta loas a la nostalgia,
canta y sugiere comprar una copa para beberla.

Distraer la sed ansiosa, abrir la boca.

Recibir la humedad de los besos que flotan
sin inscripciones de nada, sin membresía,
sin nostalgia,
pequeñas lenguas de fuego,
queman, incendian, transforman.

Evadir la nostalgia,
resguardar la añoranza en la caja del olvido,

poner llave, tragarmela.






MONICA GAMEROS